P R O Y E C T O S I G L O
XXV
HACIA LA INDEPENDENCIA PLANETARIA DE LA
TIERRA
por El Mahatma de Occidente - El Maestro Yaco Albala

Estamos tratando la realización de un
proyecto cuya meta es poder celebrar en el siglo XXV la
Independencia Planetaria de la Tierra. Pero, ¿cómo podríamos
llegar a esa meta partiendo de la actualidad? ¿Cuáles serían las
pautas, la sucesión de logros que tendría que vivir la humanidad
desde la actualidad y que harían posible llegar a la
Independencia de nuestro Planeta?
Hay algo que puede parecer muy extraño en un
proyecto de esta naturaleza y es que los seres humanos
involucrados tendrían que volver a la vida para continuarlo, así
como va a ser continuado por las personas que vengan después de
nosotros. Y esto es así porque los grandes mecanismos, los
grandes acontecimientos que la humanidad ha presenciado siempre
han sido planificados con mucha anterioridad. El mismo Jesús
tuvo que prepararse durante muchas vidas para construir ese
templo interior que pudo albergar al Cristo.
Esta programación también le cabe a la
humanidad. ¿Cómo podrían ser ordenados y difundidos estos
logros, estas realizaciones, a lo largo del tiempo,
cronológicamente dispuestas para arribar a la Independencia
Planetaria de la Tierra?
Es un proyecto muy grande, muy prometedor, en
el cual habría tres principios que serían parte de una extensa
sucesión de hechos: la semilla que podría llegar a absolver a la
humanidad; el trabajo de desactivar los dos códigos, el telúrico
y la atmósfera psíquica, de la tierra, y el formar una Sociedad
de Realidades. Estos son hechos que pertenecen a la actualidad,
aunque eso no quiere decir que se logren en la actualidad, son
trabajos que van a ser continuados por otras almas y retomado
una y otra vez hasta que lleguen a su instancia final. Es un
trabajo que no tiene antecedentes. (Y uno puede decir esto
solamente porque sabe que estas palabras no le pertenecen). No
hay antecedentes de una planificación de esta naturaleza, de
algo que pueda llegar a ser discernible por los seres humanos en
cuanto a la estatura espiritual de los logros. Es un mecanismo
de una expansión increíble porque la sola contemplación de los
puntos, de los logros que desembocarían en la Independencia
Planetaria de la Tierra ya de por si forman una tremenda
enseñanza.
Este proyecto tendría que ser vertido de
alguna manera para su difusión en el mundo.
La sola mención de un proyecto que culminaría
en el siglo XXV sería fascinante, muy desafiante, muy magnética,
muy auspiciante, muy convergente de todos los esfuerzos humanos,
y muy enrolante; pero, por encima de todo, es una gran
esperanza. Es que el ser humano vería a través de este proyecto,
un derrotero para el mundo y para las generaciones venideras.
Dejar deberes para las generaciones
entrantes, ¿a qué tipo de mecanismo comienza a responder? Es una
tarea que puede ser muy atractiva para los ángeles. Muchas veces
dijimos que cuando los seres humanos puedan argumentar sus
propios destinos, liberarán a los ángeles de hacer esa tarea.
Pero cuando el género humano pueda hacerse cargo de su destino,
indudablemente va a estar asesorado por los ángeles. En algún
sentido les están prometiendo su propia libertad y Ellos, dicho
muy humanamente, en ese deseo de libertad van a colaborar con el
género humano. Es un raro estado de confraternidad que se va a
dar entre ángeles y hombres cuando empiecen a tener una tarea
común. Y una de las primeras tareas que pueden hacer en comunión
es el argumento del mismo destino. Si el género humano puede
argumentar, programar, planificar su propio destino en muchas
pautas, libera a los ángeles de hacerlo. Sería un trabajo
fascinante.
¿Quién sabe cuántas almas podrían enrolarse
en la empresa de plasmar la Independencia Planetaria en la
Tierra? Una tarea para ser lograda, aparentemente, al cabo de
cinco siglos. Y digo aparentemente porque el tiempo requerido lo
determina el mismo ser humano, ya que depende del tiempo que
necesite detenerse en cada etapa, en cada logro, en cada hazaña.
El tiempo es una consecuencia nada más, pero digamos que es
probable que lleve ese tiempo. No es lo importante la exactitud
del tiempo sino abocarse a la realidad de esos logros, de esas
pautas, de todas esas misiones. Es un proyecto para ir
precisando, para ir depurando.
El momento que está viviendo la Argentina
está muy relacionado con una situación mundial y si uno mira con
una mayor agudeza lo que está ocurriendo y lo que se puede o no
pronosticar más allá del resultado, se puede ver la cercanía de
un desenlace. Un desenlace que también la humanidad va a tener.
Es posible que la Argentina esté siendo
inoculada o esté metabolizando un desenlace que le pertenece a
toda la humanidad, pero que en algún lugar de la tierra tiene
que empezar a florecer como desenlace. No se trata de que se
solucione el problema económico o el político, porque eso es
sólo un escenario físico, local y presente. Lo que se debe
alcanzar son las pautas de un gran desenlace del cual la
República Argentina puede dar una gran muestra y ser una clave
para todos los países del mundo. Algo que pueda servirle a cada
país para que desde su lugar pueda obrar en términos de un
desenlace mundial y le permita crear la plataforma de una Nueva
Historia.
La cronología de los hechos puede alterarse.
La Revolución Francesa ocurrió antes que la Guerra de Secesión.
Tal vez en la Nueva Historia, los elementos liberados durante la
Revolución Francesa se manifiesten después que los liberados
durante la Guerra de Secesión porque todo se combina de una
manera muy diferente a la lógica humana; y podríamos decir que
el dilema de los Principios, que es el dilema de la Guerra de
Secesión, tendría que presentarse y resolverse antes que la
contraparte superior de la Igualdad, la Confraternidad y la
Libertad, que es el dilema de la Revolución Francesa.
Sin embargo, a veces grandes realidades que
están en el futuro intercambian impresiones, producen leves
inoculaciones para ir adaptando a la humanidad en todos los
procesos futuros y pueden mezclarse de una manera determinada en
el tiempo y alterar esos factores. En su totalidad se van a dar
de una manera determinada pero antes pueden producirse
adelantos, inoculaciones, que alteran el orden cronológico.
Detrás de todo lo que comentamos hay una
descomunal empresa, ¿podríamos acercarle a la humanidad esta
Nueva Historia? Tal vez algo de eso podamos hacer.
Dentro del proyecto siglo XXV,
¿dónde deberíamos comenzar la historia? Si tuviéramos que
valernos de los elementos actuales, podríamos decir que la
historia debería tener como punto de partida el Gran Desenlace
de la Humanidad, porque si no ocurriera algo así, no habría un
punto de partida. Sin embargo, también podríamos situar el punto
de partida en hechos posteriores al desenlace, partir desde otro
lugar, desde un hecho en el futuro y así crear una noción más
atrapable por la humanidad. Por esa razón podría alterarse el
punto de partida, pero si no, tendríamos que empezar por el Gran
Desenlace, algo que evidentemente va a ocurrir.
Es hacer una especie de mapa, trazar un
itinerario hacia la Independencia Planetaria, algo que tiene un
eje central y elementos colaterales. Podemos partir de un
hecho, de una realidad, de un lugar, por ejemplo del Polo Sur y
ascender por ese eje central y, a medida que vamos ascendiendo,
observar muchos países contactados, muchos episodios,
circunstancias mundiales contactadas, y veríamos cómo se arma
todo el esquema.
Este es un pequeño esbozo de algo que irá
siendo observado, precisado; también podrá ser discutido y
objetado, pero todo en son de la luz que se deba derramar sobre
los hechos.
Sería una posibilidad muy grande. Crear una
especie de guía para los procesos mundiales, en la cual habría
circunstancias, sucesos que formarían parte de un eje central y
otros colaterales que no tendrían tanta importancia pero que
estarían relacionados con aquél. Hasta podríamos llegar a
discernir a qué país podrían corresponderle los efectos
colaterales de un episodio central.
Es como marcar el camino de la evolución de
la humanidad que permitiría que el mismo planeta comenzara,
desde un punto determinado, un movimiento tan abarcante que
terminara en otro punto en el futuro, la Independencia
Planetaria. ¿Cuántos elementos lleva consigo un proceso de tal
magnitud? ¿Cómo son los procesos del eje central y cómo son los
procesos del entorno?
El proceso de las naciones, por ejemplo, es
un proceso colateral no forma parte del proceso central, aunque
todas van a estar involucradas. No son los episodios locales de
las naciones los elementos que corresponden al eje central, sino
los elementos que corresponden a otras realidades. Sería un gran
trabajo crear el armazón de todo ese itinerario.
No hay un país que esté en las inmediaciones
de un desenlace como lo está la Argentina. Estoy hablando de
desenlace, no del fin de algo. En algún lugar de la tierra puede
terminar una guerra pero eso no significa que haya ningún
desenlace.
En este país va a haber muy pronto un
desenlace, y eso es más que la aclaración del panorama. La
Argentina tiene la tremenda misión de mostrarle al mundo lo que
puede llegar a ser la pauta o la clave del Desenlace de la
Humanidad. Aclarar esa situación, aclararía por añadidura, por
consecuencia, el panorama local. Quiere decir que abordando el
futuro, abordando lo grande, se aclara el presente, lo pequeño.
Es un extraño mecanismo: una joven nación
metaboliza el desenlace de la Historia de la Humanidad y se
salva a sí misma. Pero nuestra vista debiera tener un poderoso
alcance para ir más allá de lo aparente y traer las claves que
sirvan a este presente. ¿Se podrá hacer? Yo creo que sí y no
porque confíe en que los hombres lo quieran hacer sino porque se
van a ver obligados a hacerlo. Hay dispositivos de una
naturaleza dimensional, que harán que el género humano, que este
país en este caso, no pueda hacer otra cosa que seguir ese
rumbo. Porque si es muy difícil abordar ese camino, sería
insoportable el no hacerlo. Todas las crisis serían nada
comparadas con la nada, con la extinción.
Este proceso evolutivo es un proceso en el
que cada país tendrá que aprender a morar en su propia alma. Y a
la Argentina le compete mucho todo eso. El desenlace es un
proceso mundial que se da primero en un país; y con eso se ayuda
a este joven país a sintonizarse con su propia alma. Hay países
que van a tener la urgencia de morar en sus propias almas porque
son parte de un proceso posterior que es la creación del Alma
del Mundo, un hecho posterior a los desenlaces de los países en
particular, pero que puede ser simultáneo con lo otro. Los
países deben aclarar primero sus panoramas locales.
El Alma del Mundo va a traer también otro
proceso que es la Organización del Nuevo Mundo, pero la
organización no será posible sin un desenlace de la historia
mundial porque lo que podrá ser organizado serán los buenos
despojos, no habrá otra cosa para organizar. No es lo que se
descarta lo que se organiza, sino lo bueno que quede. Sólo eso
puede ser organizado.
Ese proceso indudablemente está relacionado
con el hemisferio sur, y es probable que la Argentina tenga
mucho que hacer en todo eso. Por lo tanto la crisis que está
viviendo no es por los valores actuantes y actuales, sino una
adaptación a esos momentos futuros. Y eso es el comenzar de una
historia.
Estamos hablando de un proceso que culmina en
el siglo XXV pero todos estos acontecimientos que mencionamos y
que parecen tan fantásticos, no escapan de este siglo, están
dentro de este momento.
Difundir los patrones, las pautas que darían
el paso del Alma del Mundo a la Organización del Nuevo Mundo
sería un gran trabajo. Ojala podamos formar parte de una obra
semejante. Empecemos por difundir y, en la medida de lo posible,
explicar un poco de todo esto.